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El penal errado contra Cruz Azul en los cuartos de final del Apertura 2025 fue más que un error deportivo: se convirtió en un símbolo mediático. Javier Hernández Balcázar, “Chicharito”, quedó expuesto en un momento decisivo y la pregunta inevitable surgió: ¿los últimos años de su carrera afectan el legado de uno de los ídolos más grandes del futbol mexicano?
Hambre y mentalidad: el sello de su carrera
La historia de Hernández nunca se definió por la técnica depurada ni por el control exquisito del balón. Su sello fue la mentalidad. Tenía hambre, una obsesión por el gol que lo llevó a rematar con la nuca, el hombro o cualquier parte del cuerpo. Esa intensidad lo convirtió en figura en el Manchester United, en héroe ocasional del Real Madrid y en estrella del Bayer Leverkusen.
En sus inicios con Chivas, cargaba con el peso de su apellido: hijo de Javier Hernández padre y nieto de Tomás Balcázar, ídolo del “Campeonísimo”. No fue el mejor en fuerzas básicas y ni siquiera participó en el Mundial Sub-17 de 2005, ganado por México. Esa exclusión, sumada a problemas médicos como la anemia, lo forjó. Debutó en Guadalajara y, tras un proceso lento, explotó en 2010 con una temporada goleadora que lo llevó al Mundial y al fichaje con el Manchester United.
Manchester United: irrupción y consagración
Su llegada a Inglaterra fue histórica: primer mexicano en el club, debut con gol en la Community Shield ante Chelsea y titular en la final de Champions contra el Barcelona. La afición lo bautizó como “super-sub” y lo convirtió en ídolo. Pero la salida de Ferguson y la llegada de Van Gaal marcaron su declive. El fichaje de Van Persie lo relegó y terminó en préstamo al Real Madrid.
Real Madrid: un sueño breve pero intenso
El fichaje por el Real Madrid sorprendió a todos. Tras la salida de Álvaro Morata, se esperaba un delantero de renombre, pero llegó “el suplente del Manchester United”. La prensa lo cuestionó, incluso se habló de razones políticas detrás de su llegada. Sin embargo, Javier respondió en la cancha.
Su debut con doblete ante Deportivo La Coruña fue un aviso. Luego llegaron goles importantes, como el anotado ante Celta en un momento clave de la temporada. Pero el instante que definió su paso por el club fue el gol en cuartos de final de Champions contra el Atlético de Madrid: minuto 87, pase de Cristiano Ronaldo y definición que metió al Madrid en semifinales. Ese gol lo convirtió en héroe efímero y le dio un lugar en la memoria de la afición.
Aun así, su rol fue secundario. Competía con Benzema y no era considerado titular. La afición lo reconoció por su entrega, pero la directiva no concretó la compra definitiva. Regresó al United con la sensación de haber vivido un sueño breve, pero intenso: vestir la camiseta blanca y marcar en el escenario más grande.
Bayer Leverkusen: la mejor etapa de su carrera
Tras un verano largo, llegó la oportunidad que cambiaría su carrera: el Bayer Leverkusen lo fichó como refuerzo titular. El club buscaba un delantero accesible pero con perfil internacional, y Javier respondió de manera espectacular.
En su primera temporada anotó 26 goles en todas las competiciones, convirtiéndose en la estrella del equipo. Fue nombrado jugador del mes de la Bundesliga en tres ocasiones, algo inédito para un mexicano. Más allá de los números, lo que impresionaba era su nivel colectivo e individual: movilidad constante, definición precisa y liderazgo ofensivo. En Alemania se le veía pleno, con confianza y protagonismo.
La segunda temporada fue más complicada. Los números bajaron, pero no solo los suyos: el equipo entero sufrió una caída de rendimiento. Aun así, Hernández mantuvo su rol como referente y cerró su etapa con 39 goles en 76 partidos. En un club que no suele tener figuras mediáticas, él se convirtió en ídolo y en símbolo de competitividad. Para muchos, fue su mejor versión profesional: regularidad, hambre intacta y reconocimiento internacional.
West Ham, Sevilla y LA Galaxy: la transición
El fichaje por West Ham fue visto como un golpe de autoridad: 16 millones de libras por un delantero con experiencia en Manchester, Real Madrid y Leverkusen. La afición “hammer” lo recibió con ilusión y su debut con doblete parecía confirmar las expectativas. Sin embargo, su paso fue irregular. El estilo defensivo del equipo limitaba sus oportunidades, las molestias físicas lo frenaban y la competencia interna le restaba minutos. Su momento más recordado fuera de la cancha fue la entrevista con David Faitelson, donde lanzó la frase “imaginemos cosas chingonas”, que se convirtió en un hito cultural tras la victoria de México sobre Alemania en Rusia 2018. En lo deportivo, su etapa fue agridulce: flashes de calidad, pero sin continuidad.
En Sevilla su paso fue fugaz: apenas 15 partidos y tres goles, uno de ellos de tiro libre. La irregularidad y la falta de protagonismo marcaron su estancia. Cinco meses después, se concretaba su venta al LA Galaxy.
El salto a la MLS fue mediático. El Galaxy lo fichó como el reemplazo de Zlatan Ibrahimovic y como el fichaje más caro en la historia del club. Desde el inicio, la narrativa fue distinta: más que un jugador, era una figura mediática. Su cercanía con Diego Dreyfus, su “coach de vida”, comenzó a pesar en la percepción pública. Ya no era el delantero que vivía para el gol, sino alguien que priorizaba su vida personal, sus redes sociales y proyectos externos.
En lo deportivo, su paso fue aceptable: 38 goles en 76 partidos. Fue de menos a más, consolidándose como figura de la MLS y del Galaxy. Pero las críticas nunca cesaron: su estado físico, su aparente falta de compromiso y la sensación de que estaba más interesado en el ruido mediático que en la cancha. Una lesión de ligamentos cruzados terminó por romper su estadía en Los Ángeles. Muchos dudaban si podría regresar al máximo nivel.
El regreso a Chivas: ilusión y golpe de realidad
La presentación en Guadalajara fue espectacular: 50 mil aficionados, Amaury Vergara al frente, el hijo pródigo de vuelta. Pero la realidad fue dura: apenas cuatro goles, críticas por su estado físico, más atención al gaming y a la Kings League que al club, y finalmente el penal fallado contra Cruz Azul. Milito confió en su hombre más experimentado, pero la inseguridad era evidente.
Ese penal no borra su carrera, pero refleja sus últimos años: más ruido mediático que impacto deportivo. Chicharito ya no era el delantero hambriento de Leverkusen ni el “super-sub” del United, sino un jugador que había desplazado su pasión por el futbol hacia otros intereses.
¿Afecta su legado?
Su veto a la selección nacional, a pesar de ser el máximo goleador histórico, marcó un antes y un después en la percepción pública. Ya no era solo cuestión de rendimiento en clubes, sino de decisiones personales que lo alejaron del representativo mexicano.
La respuesta es compleja. Sus últimos años muestran la fragilidad de las decisiones personales y cómo la vida fuera de la cancha puede pesar en la memoria colectiva. Sin embargo, su legado trasciende los errores: máximo goleador histórico de la selección mexicana, ídolo generacional, ejemplo de perseverancia y pasión.
Javier Hernández será recordado como lo que es: un referente que abrió puertas en Europa, que inspiró a miles y que demostró que la mentalidad puede superar las limitaciones técnicas. Sus últimos años no borran lo construido; simplemente muestran que incluso las leyendas son humanas y que el tiempo siempre cobra factura.

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