Humberto Iduarte

El impacto de la guerra por el petróleo se comienza a reflejar.

En redes esta circulando un video que parece sacado de un archivo viejo de crisis ajenas: cientos de personas bajo un sol que quema, filas interminables, tanques vacíos, niños dormidos en el piso mientras sus padres esperan turno para comprar unos litros de gasolina. Pero no es Venezuela en el 2017 ni Sri Lanka en el 2022. Es Manila, Colombo, Hanoi o Daca en abril del 2026. No, no, es ahora.

El video se volvió viral porque muestra algo que muchos gobiernos preferirían mantener fuera de cuadro: la vida detenida por una crisis energética que no provocaron, pero que los golpea de lleno. Gente que pasan horas —a veces días— esperando combustible. Semanas laborales reducidas. Escuelas recortando horarios. Pescadores varados. Agricultores dudando si sembrar. Todo por un conflicto lejano que terminó cerrando, en los hechos, el Estrecho de Ormuz.

Ese estrecho mueve una quinta parte del petróleo y gas del planeta. Más del 80% iba a Asia. Cuando Estados Unidos, Israel e Irán escalaron el conflicto, el flujo se desplomó. Filipinas declaró emergencia energética. Sri Lanka impuso límites semanales de 15 a 25 litros por vehículo. Vietnam, Tailandia, Bangladesh, Myanmar, Laos y Pakistán viven colas kilométricas, estaciones cerradas y medidas de emergencia: menos aire acondicionado, menos ascensores, duchas rápidas, vuelos domésticos recortados.

El golpe real no está en el precio del barril. Está en la gente común. Conductores de taxis y motos que ven caer sus ingresos a la mitad. Pescadores que no pueden salir al mar. Agricultores enfrentando diésel y fertilizantes impagables. En varios países ya hay protestas, mercado negro y violencia en gasolineras.

Y aunque el video muestra Asia, el impacto no se queda allá. México no depende de ese estrecho para abastecerse, pero sí depende del precio internacional. Si el conflicto sigue, la gasolina y el diésel subirán aquí también. Y cuando suben, sube todo: mover alimentos, producirlos, distribuirlos. La luz se encarece porque buena parte se genera con gas importado. No es escasez como la asiática, pero sí un golpe directo al bolsillo de quienes ya viven al límite.

El video deja claro algo que los informes no transmiten: la fragilidad en que estamos y todo por el estrecho de Ormuz.

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