Humberto Iduarte

Con Morena vivimos la austeridad más cara de la historia

El gobierno presume austeridad como si fuera virtud, pero en la práctica se ha convertido en el más costoso para la ciudadanía. Bajo el disfraz de disciplina financiera, multiplica programas sociales que no construyen futuro, pero sí votos.

La paradoja es evidente: se recorta en inversión pública estratégica mientras se derrocha en clientelismo.

Los padrones de beneficiarios crecen sin transparencia, sin reglas de operaciones, sin resultados, los apoyos se reparten como propaganda y los recursos públicos se convierten en herramienta electoral.

No es un gasto social orientado a resolver problemas estructurales, sino un mecanismo de control político que erosiona la confianza ciudadana.

Las consecuencias de estas acciones son palpables: hospitales sin equipamiento y medicamentos, escuelas deterioradas, proyectos de transición energética anunciados pero
postergados.

Mientras tanto, se destinan miles de millones de pesos mensuales a programas que no generan productividad ni sustentabilidad.

La austeridad republicana proclamada, se convierte en un espejismo que oculta el verdadero derroche exhibido por sus funcionarios y socios.

La ciudadanía paga el costo de esta contradicción: un Estado que se proclama austero, pero que gasta más que nunca en sostener su maquinaria electoral.

La austeridad del discurso y del derroche de facto, son dos caras de la misma manipulación. Y en esa manipulación, lo que se pierde es el futuro de un pueblo engañado… hasta hoy.

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